jueves, noviembre 10, 2011

BIZCOCHO DE ZANAHORIA

hola a todas! no me imagine que los bizcochitos les iban a parecer tan interesantes,y como les prometí, ahí va la receta, espero que la disfruten, pues es muy sencilla y rapida.

Ingredientes:
ingredientes secos
2 1/2 tazas de harina
2 cucharaditas de bakin soda (bicarbonato de soda) no otro
1 cucharadita de sal
1 cucharadita de canela (o mucho mas)
ingredientes húmedos
1 3/4 o 1 1/2 tazas de azúcar (según prefieran, mas o menos dulce)
1 taza de aceite
2 cucharaditas de vainilla
2 huevos
ingredientes estrellas
2 tazas de zanahoria rallada (con la cara gruesa del guayo)
1 lata de piña triturada (super bien escurrida, expremir un poquito)
1/2 taza de pasas
1/2 taza de nueces
en un envase, mezclar los ingredientes secos, se recomienda bakin soda, pues al mezclar con liquidos, crea burbujas que haran su bizcocho mas esponjoso.
En otro envase mas grande, unir los ingredientes humedos y mezclar, batiendo a mano, no con la batidora. unir con los ingredientes secos, y agregar los ingredientes estrellas.
poner en molde de pan, engrasado y enharinado, ligeramente, o con el fondo cubierto con papel de cera, dura aproximadamente 45 minutos,o hasta que introduzca un palillo y salga seco
si usa moldes para mufins favor usar capacillos, los venden en los lugares especializados, pero tambien en panaderias reposteria, aqui los consigo en PASTRY con los capacillos los bizcochitos salen super faciles, rinden mas de 50 minis mufins, y se hornean en 15 minutos o menos. dejen refrescar ligeramente, y desmolden, pueden decorar con suspiro recién hecho


viernes, octubre 28, 2011

conversaciones para la vida: la muerte de la conversacion

conversaciones para la vida: la muerte de la conversacion

la muerte de la conversacion

Este articulo, me llego a travez de mi amiga Mirian, y me parece estupendo compartirlo con ustedes:

LA MUERTE DE LA CONVERSACION

Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes europeos les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares. Según la nota, se trata de recobrar el placer de comer, beber y conversar sin que los ring tones interrumpan, ni los comensales den vueltas como gatos entre las mesas mientras hablan a gritos. La noticia me produjo envidia. Personalmente, ya no recuerdo lo que es sostener una conversación de corrido, larga y profunda, bebiendo café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra en la boca, porque suena su celular.

En ocasiones es peor. Hace poco estaba en una reunión de trabajo que simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en la mesa empezaron a atender sus llamadas urgentes por celular. Era un caos indescriptible de conversaciones al mismo tiempo.

Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo telegráfico que no llega a ningún lado. El teléfono se ha convertido en un verdadero intruso. Cada vez es peor. Antes, la gente solía buscar un rincón para hablar. Ahora se ha perdido el pudor. Todo el mundo grita por su móvil, desde el lugar mismo en que se encuentra.

No niego las virtudes de la comunicación por celular. La velocidad, el don de la ubicuidad que produce y por supuesto, la integración que ha propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía. Pero me preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos hablamos cuando estamos cerca.

Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono. Preferimos perder la cédula que el móvil, pues con frecuencia, la tarjeta sim funciona más que nuestra propia memoria. El celular más que un instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y este no suena. Por eso quizá algunos nunca lo apagan. ¡Ni en cine! He visto a más de uno contestar en voz baja para decir: "Estoy en cine, ahora te llamo".

También puedo percibir la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de apagar los celulares. También he sido testigo de la inquietud que se desata cuando suena uno de los timbres más populares y todos en acto reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio aparato.

Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte. las personas se vuelven enajenadas y autistas. El Blackberry en el escritorio. Un pitido que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono. Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?". Pero ya la conversación se ha ido al traste. No conozco a nadie que tenga Blackberry y no sea adicto a éste.

Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer instinto era tomarse un buen café. Ahora su primer acto cotidiano es tomar su aparato y responder al instante todos sus mensajes.

Es la tiranía de lo instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.